Jorge Rubén Kazandjian
El tiempo es impiadoso y borra todas las huellas. Apaga el dolor, diluye
realidades por más duras que estas sean y es el mejor aliado del olvido
que es el mayor de los castigos de la memoria. Transitamos el sendero
del centenario del mayor dolor de nuestras vidas, el genocidio que se
llevó a nuestros mayores, destruyó nuestro patrimonio cultural y puso en
enorme riesgo nuestra existencia como nación. Y además de nuestras
históricas reivindicaciones que alientan y sostienen la lucha de nuestro
pueblo, no ya por el reconocimiento que es cosa juzgada, sino por la
impostergable reparación a la que debe hacer nuestro victimario, el
estado turco, debemos prestar atención a otros temas.