La posición asumida por Armenia ante la extradición del criminal azerbaiyano condenado por Hungria y su inmediato perdón por el presidente de Azerbaiyán explicita el doble juego de la comunidad internacional en la compleja relación entre los intereses materiales y los deberes morales. Es una postura inevitable tras una derrota diplomática (compárese con el retorno del embajador turco a Ankara tras la inicial aprobación de la ley francesa sobre el genocidio armenio en 2011); queda por analizar cómo se confió en las promesas húngaras frente a las presiones azerbaiyanas. Dicho sea de paso, es de esperar que tales posiciones en el plano internacional frente a semejante ilegalidad tengan su correlato en el frente interno para prevenir que casos de flagrante ilegalidad se repitan en Armenia o queden impunes.