Silvina Friera
La voz narradora –una argentina
descendiente de armenios– desata el nudo de su lengua repartida entre el
castellano, el armenio y el turco. “Cuento la historia de los cuerpos
para nombrar algo de lo íntimo”, afirma esta mujer que tempranamente
confiesa que viajó a Estambul para buscar al hijo de su abuela. “¿O
habrá sido una niña?”, se pregunta como si las esquirlas de un relato en
el que se insinuó una violación continuaran clavándose en la memoria de
un cuerpo deseante que intenta unir lo que ha sido mutilado. El viaje
le permite deconstruir la caída del Imperio Otomano –y el impacto que
tuvo en la política de la lengua y en los cuerpos de las minorías como
los armenios– y trazar una tensa y compleja cartografía con frases del
libro sagrado El Corán. En la formidable y perturbadora Infieles (Libros
del Zorzal), una novela anfibia con fraseo barroco y respiración
poética, Ana Arzoumanian propone salir de sí para ir hacia otro sitio
–que en su educación sentimental representó lo salvaje– evocando un
Ausente.