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24.11.12

Usos y abusos del término genocidio

Carlos Antaramián


Winston Churchill, primer ministro británico durante la Segunda Guerra Mundial, mencionó en una entrevista transmitida por la BBC en agosto de 1941 que Europa estaba siendo destruida y pisoteada por armas mecánicas y una furia barbárica de parte de los nazis y, mientras avanzaban, distritos enteros estaban siendo exterminados. Churchill mencionó en la misma entrevista una frase contundente: “Estamos en presencia de un crimen que no tiene nombre”.

Efectivamente en ese momento no existía un nombre para la destrucción sistemática de poblaciones enteras que estaban haciendo los nazis; sin embargo Rafael Lemkin, un jurista judío-polaco refugiado en Estados Unidos, ya había reflexionado sobre el problema y había impartido diversas conferencias desde 1933 tratando de entender ese antiguo crimen sin nombre. En 1944, en su libro Axis Rule in Occupied Europe, Lemkin acuñó un nuevo término para describir la destrucción de naciones: Genocidio. Del griego genos (raza, tribu) y el latín cide (matar), el término, explicaba el autor, no necesariamente significa la inmediata destrucción de una nación, sino más bien un plan coordinado con diferentes acciones buscando destruir los cimientos fundacionales de la vida de un grupo nacional: el genocidio es un crimen dirigido hacia el grupo nacional como entidad, y las acciones se dirigen hacia los individuos, no por su capacidad individual, sino por ser miembros de un grupo nacional.
APARICIÓN. Durante los juicios a los criminales de guerra nazis en Núremberg (1945), Lemkin logró que la condena mencionara que durante los masacres contra la población judía los líderes nazis deliberadamente llevaron a cabo un genocidio, es decir: la sistemática exterminación de grupos raciales y nacionales. Es una masacre desenfrenada, el crimen de crímenes, el concepto trataba de explicar de alguna forma lo que acababa de pasar con la población judía y gitana de Europa y, para comparar, en una publicación de 1947 Lemkin ponía ejemplos de otros genocidios del pasado; la matanza de los hereros y de los hotentotes en África, de los hugonotes en Francia o la matanza de los armenios en el Imperio Otomano en 1915, entre otros. Ese crimen sin nombre que mencionó Churchill hizo que el activista Rafael Lemkin no sólo acuñara un término para el concepto, sino que también se convirtió en el artífice para que la recién creada Organización de las Naciones Unidas y realizara la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio en 1948, de la cual México es firmante.
Desde entonces el concepto es utilizado para describir ese crimen de crímenes, y hay debates intensos para saber qué es y qué no es un genocidio. Los académicos no han quedado ajenos a este concepto: existe un campo de estudios sobre genocidios, dos asociaciones internacionales de estudiosos del genocidio, muchas publicaciones académicas que se concentran primordialmente en su estudio y un número cada vez mayor de cursos sobre genocidios en diversas universidades alrededor del mundo.
En un artículo que apareció recientemente en una de estas publicaciones, Jacques Sémelin menciona cómo el término ha generado mucha pasión y desacuerdos desde su creación.
USOS. Según Sémelin, uno de los problemas principales del uso del término tiene que ver con sus variados usos. Y es que juega un rol ya sea político, de construcción de identidad o de retórica humanitaria. Uno de estos roles es el relacionado con la memoria. Cuando una población ha sido masacrada a gran escala, la comunidad sobreviviente busca que ese pasado sea reconocido como genocidio, como es el caso de las comunidades armenias alrededor del mundo que sobre todo luchan contra la negación que hace el gobierno turco y algunos de sus partidarios –como Azerbaiyán- de ese crimen cometido entre 1915 y 1918. De manera que hay una lucha para que ese genocidio sea reconocido como tal mientras el perpetrador mantiene una negación absoluta.
Otro uso del término genocidio tiene que ver con la urgencia de ayuda humanitaria. Esto ocurre cuando organizaciones no gubernamentales reportan que alguna población está en riesgo de padecer un genocidio. En esos casos el uso del término persuade a la comunidad internacional para que actúe en aras de detener las masacres, como fue el caso de Kosovo o Sudán. Aunque, paradójicamente, en algunos casos la utilización de la palabra puede ocasionar una especie de temor por parte de la comunidad internacional, lo que impide una actuación inmediata, como sucedió en Ruanda en 1994.
Un tercer uso de la palabra tiene fines legales ya que, además, el crimen de genocidio es imprescriptible. Así, al perseguir a criminales como Milosevic o Pinochet por el crimen de genocidio, se busca una actuación inmediata por parte de la Corte Penal Internacional. Aunque no siempre los procesos son apropiados y no logran proceder, como fue el caso de Omar al-Bashir en Darfur.
Al final, pero no por ello menos importante, el término puede ser utilizado como un arma moral o psicológica contra el enemigo. Por ejemplo los serbios de Kosovo han argumentado que han sido víctimas de genocidio por parte de los albaneses desde 1980, y actualmente los azeríes han tratado de culpar a los armenios de cometer genocidio durante la guerra en Karabagh, en la que también murieron unos 20 mil armenios víctimas de pogromos en la guerra de 1992, como en Sumgait o en Bakú. Estos son dos casos de abuso del término en contiendas políticas internacionales y en ocasiones el “campo de batalla” puede estar en otro país, como es México en este último caso.
Y es que la embajada de Azerbaiyán en la ciudad de México ha orquestado desde 2011 una campaña para que tanto la Cámara de Diputados como la de Senadores se pronuncien y digan que la masacre de Jodyalí, en la que murieron unos 600 azeríes por bombardeos de fuerzas armenias durante la independencia de Karabagh, sea calificada de “genocidio”. Los puntos de acuerdo emitidos tanto por la cámara de diputados (8 de diciembre de 2011) como por la de senadores (6 de septiembre de 2011) utilizan el calificativo de “genocidio” sin siquiera mencionar la Convención del Genocidio, también ignoran la posición Armenia sobre dicha guerra. No existe un estudio serio, ni siquiera una lectura de las fuentes académicas que mencionamos, que justifique la emisión de un punto de acuerdo sobre una cuestión de conflicto internacional tan importante y delicada como es el caso de la guerra en Nagorno Karabagh.
Y mientras el punto de acuerdo dice que es para solucionar el problema entre Armenia y Azerbaiyán, en realidad toma postura por uno y entorpece las negociaciones que se están llevando al cabo en el seno de Naciones Unidas, ya que este organismo en ningún momento califica lo sucedido en Jodyalí como genocidio.
La contienda también se llevó al campo monumental, ya que la embajada de Azerbaiyán pagó la remodelación de un parque en la Avenida Reforma en la que instaló una estatua del dictador Heidar Aliyev (quien, por cierto, fue uno de los principales orquestadores de la política de limpieza étnica -esta vez contra los armenios- durante la guerra en Karabagh). La Embajada además remodeló la Plaza de Tlaxcoaque y en la misma puso una placa que conmemora el “genocidio de Jodyalí”: Ignorantes del uso del término, algunos políticos mexicanos, quizá sin saberlo, se han convertido en peones de una contienda por la utilización de un concepto que tiene usos específicos en materia de política internacional.

"La Crónica de Hoy," 24 de noviembre de 2012

Bibliografía
Sémelin, Jacques, “Around the “G” Word: From Raphael Lemkin’s Definition to Current Memorial and Academic Controversies” en Genocide Studies and Prevention. An International Journal, University of Toronto, Volume 7, 1 (Abril 2012):24-29.
Lemkin, Rafael, Axis Rule in Occupied Europe: Laws of Occupation - Analysis of Government - Proposals for Redress, Washington, D.C.: Carnegie Endowmentfor International Peace, 1944, p. 79 - 95. http://www.preventgenocide.org/lemkin/AxisRule1944-1.htm,
Power, Samantha, A Problem from Hell. America and the Age of Genocide, Perennial, New York, 2003.

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