Nazareth Berberián
Traducción y notas de Vartán Matiossián
Traducción y notas de Vartán Matiossián
En un reciente correo electrónico, un amigo íntimo observaba con justeza que en los treinta años más decisivos de nuestra historia moderna, en las décadas de 1890 a 1920, el timón político del pueblo armenio lo habían tomado activistas jóvenes como Aram Manukián y Simón Vratzián (1). Y que actualmente, los dirigentes que lideran nuestras estructuras nacionales y nuestro andar colectivo, con excepciones contadas, por lo menos tienen más de cuarenta años.
La observación y la indicación son correctas, por cierto. Pero también, indudablemente, no tienen un fin en sí mismo. Nacen de una preocupación y sirven para fundamentar el cuestionamiento de que, si en el pasado fue posible tener una dirigencia joven que se encargara de nuestro destino nacional, ¿por qué no será posible tener lo mismo en el mañana?
La observación y la indicación son correctas, por cierto. Pero también, indudablemente, no tienen un fin en sí mismo. Nacen de una preocupación y sirven para fundamentar el cuestionamiento de que, si en el pasado fue posible tener una dirigencia joven que se encargara de nuestro destino nacional, ¿por qué no será posible tener lo mismo en el mañana?