Las cámaras se prendían y la tribuna estallaba en un cántico
avasallante interpretando una canción que no sólo era la cortina de uno
de los programas televisivos más vistos, sino que además lograba unir a
grandes y chicos tras la pasión de la lucha libre.
Bajo
las luces del ring se ubicaba con rostro adusto y serio, vestido con un
traje impecable, el presentador Jorge Bocacci, quien anunciaba:
“Chicos, no hagan esto en sus casas”.
Allí comenzaba el momento mágico, el instante en que se iniciaba la
eterna lucha entre el bien y el mal, encarnados en un sinfín de
personajes que de acuerdo a su posición despertaban el cariño
incondicional o el odio más profundo en el público, expresado en gritos
de apoyo o abucheo.