Luisa Corradini
Durante diez años, sus sorprendentes resultados económicos colocaron a Turquía en el pelotón de cabeza de los países emergentes. Hoy, la coyuntura mundial y, sobre todo, la grave crisis política que hace vacilar a su gobierno no sólo amenazan con poner punto final a esa "succes story", sino incluso arrastrar con ella al resto de la economía mundial.
Después de tres semanas de dramática situación, el banco central de Turquía decidió el martes pasado un aumento masivo de sus tasas de interés para tratar de detener la devaluación continua de la moneda nacional, la lira, que perdió en casi un año cerca de 30% de su valor frente al dólar.
Pero esa decisión, que muchos economistas consideraban inevitable, se produjo en medio de un gigantesco escándalo de corrupción que mantiene contra las cuerdas al primer ministro Recep Tayyip Erdogan, un islamista moderado.