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14.4.15

El reconocimiento del genocidio armenio

Cuando faltaba poco más de una semana para que se cumpliera el centenario de la matanza del pueblo armenio a manos de la Turquía otomana, el papa Francisco ofreció anteayer en la Basílica de San Pedro una misa que marca un hito de proporciones: fue la primera vez que un líder de la Iglesia Católica se refería a ella verbalmente como "genocidio". Según las propias palabras de Francisco, "un exterminio terrible y sin sentido", "una horrible masacre".
Con su valiente evocación del horror vivido por el pueblo armenio en el conflicto iniciado el 24 de abril de 1915, a lo largo del cual más de un millón y medio de personas fueron cruelmente asesinadas, sospechadas de haber albergado sentimientos nacionales hostiles al gobierno otomano, Francisco ratificó la clara postura que ya había dado a conocer sobre el tema cuando era arzobispo de Buenos Aires. "Genocidio" y no de otra forma había llamado Jorge Bergoglio a esa aniquilación en el libro Sobre el Cielo y la Tierra, que escribió junto con el rabino Abraham Skorka.
La reacción de Turquía sobre los dichos del Papa no se hizo esperar. Las autoridades de ese país los consideraron un insulto y retiraron a su embajador en el Vaticano. En una nueva misa oficiada ayer, Francisco dijo que "el camino de la Iglesia es el de la franqueza", con lo que demostró que no revisará sus declaraciones sobre su calificación respecto de aquellos hechos aberrantes .
Destruir un pueblo es un genocidio y Turquía se niega a admitir lo sucedido, insistiendo en que no hubo ningún plan de exterminio. Sin embargo, esas muertes sucedieron como consecuencia de las miles de deportaciones realizadas hace un siglo con extrema dureza, los secuestros, las torturas, el hambre, las enfermedades y el cansancio agotador infligidos a quienes se obligó a marchar inhumanamente desde Armenia y Anatolia hacia tierras lejanas, a través del desierto, en condiciones de total y absoluto desamparo.
Se trata, por cierto, de un genocidio, en este caso perpetrado pocas décadas antes de que la comunidad internacional aprobara en las Naciones Unidas la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio.
¿Por qué se recuerda el 24 de abril como punto de partida de ese exterminio? Porque ese día, en 1915, varios cientos de armenios, incluyendo religiosos, intelectuales, profesionales, líderes y ciudadanos destacados fueron arrestados y deportados para, luego, muchos de ellos, ser asesinados.
Allí se evidenció la ejecución del sistemático plan de exterminio urdido y puesto en marcha contra el pueblo armenio, inicialmente por los llamados "jóvenes turcos", utilizando para ello las fuerzas armadas, así como organizaciones milicianas irregulares, algunas de las cuales, cabe recordar, estaban conformadas por convictos.
Esa fecha, entonces, conmemora y resume la multiplicidad de crímenes de lesa humanidad que siguieron contra los armenios para tratar de poner fin a su identidad y a su existencia colectiva, incluyendo algunos previos a ese día en particular y los posteriores, de los que fueron directamente responsables los "nacionalistas turcos", que compartían el objetivo de exclusividad étnica que ambos pretendían para el Estado turco, frente al que no vacilaron en recurrir al horror.
Lamentablemente, pese al cúmulo de evidencia, de pruebas y de testimonios que acreditan la masacre que dejó a su paso el genocidio armenio, los gobiernos turcos se empecinaron y aún se empecinan en negarlo sistemáticamente. Y, con ello, refutan la verdad histórica. Según Turquía, lo sucedido en 1915 fue una guerra civil en la que murieron unos 500.000 armenios y también turcos.
Cabe destacar que se han cumplido ocho años de la promulgación en nuestro país de la ley 26.199, que instituyó el 24 de abril como Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos, precisamente en conmemoración del genocidio armenio. Con más de 100.000 personas, la comunidad armenio-argentina es la primera de habla hispana y una de las mejor organizadas. Y ya son 22 los países que han reconocido la existencia de ese genocidio.
Es hora ya de que Turquía se dé a sí misma y dé al mundo el debate que corresponde sobre esta tremenda realidad: no sólo por los armenios víctimas del genocidio, por sus descendientes y por la historia misma, sino por los numerosos turcos que quieren mantener una relación franca con los armenios. Paralelamente, el Papa también instó a Armenia a que emprenda el camino de la reconciliación con Turquía.
Frente a la magnitud criminal del genocidio no cabe la indiferencia ni se pueden aceptar los silencios. Y, mucho menos, el absurdo negacionismo. Desde estas columnas, nos unimos al respetuoso recuerdo de la masacre, abogando porque prime la verdad, sin recortes ni limitaciones. La memoria y la condena a este tipo de hechos aberrantes sirven para intentar impedir que se reiteren, como hoy sucede con los ataques de la organización extremista Estado Islámico a minorías cristianas.
"No podemos silenciar lo que hemos visto y escuchado", dijo ayer Francisco. Y eso nos obliga a todos a bregar porque se deje de derramar la sangre de tantos inocentes

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