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4.4.13

"Es necesario difundir a los luchadores"

Maby Sosa

El tugurio está en pleno movimiento. De la casa de Osvaldo Bayer, que décadas atrás fue bautizada por Osvaldo Soriano con ese nombre, entra y sale gente. Mientras Bayer habla, suena el timbre de gente que le pide libros, escritos o algún cable. A todo accede. En el living, siempre entre libros y fotos, están el actor Daniel Ritto y Eduardo Kozanlián. Ambos –junto al historiador y periodista– crearon la obra "Hrant Dink, el alegato de las palomas", que se estrenará el sábado 6 de abril en el Centro Cultural de la Cooperación.
El tono de hombre sabio de Bayer y sus constantes humoradas se cruzan con la pasión desmedida de Ritto a la hora de hablar de la historia. Comparten trabajos hace años, cuando Bayer se sumó al unipersonal de Ritto, "Santucho por Santucho", sobre la vida de Roberto Santucho. Luego trabajaron sobre Rodolfo Walsh y Enrique Angelelli, pero además de trabajo comparten algunas posturas políticas e intercambian inquietudes, siempre vinculadas con la historia o la política. Aparecen los juicios a los genocidas, aparece Chávez, el nombramiento de Bergoglio como Papa, los medios. Las ideas van y vienen.
De a poco, Ritto reconstruye sus primeros encuentros con Bayer, que vuelve de atender a sus vecinos y pide su trago de media mañana. Bayer siempre tiene algo para contar y Ritto siempre tiene algo para preguntar. La charla va y viene mientras Kozanlián acerca un número de Agós, el periódico fundado por Hrant Dink, la excusa para este encuentro. El autor de "La Patagonia rebelde" propone un brindis y recién entonces se puede empezar a hablar.
–¿Por qué eligieron un personaje como Hrant Dink para hacer una obra de teatro?
Daniel Ritto: –Al subirme al escenario trato de contar estos temas porque parto siempre de una indignación. Al conocer el genocidio armenio, como muchos otros genocidios, uno se plantea muchas cosas como persona porque estas cosas hacen los seres humanos y yo soy un ser humano. Me parece terrible descubrir que personas hacen esto con otras personas, y vengo trabajando una línea de personajes. A Hrant Dink lo conocí a través de Eduardo Kozanlián, que me habló de este periodista armenio que en el fondo tenía las mismas connotaciones que la historia de Rodolfo Walsh. Lo asesina un chico semianalfabeto, pero en realidad el verdadero asesino es el estado turco que jamás reconoció el genocidio. Me parecía un tema para llevarlo a escena porque hay temáticas que a veces pasan invisibles. De hecho, sólo tres países reconocieron el genocidio armenio: Argentina, Uruguay y Francia. Todas estas cosas son las que me hacen subirme al escenario y montar un espectáculo, creo que el teatro tiene que tener una impronta social. El actor no solamente tiene que subir al escenario para exhibirse, para mostrar lo que sabe hacer, sino que también quiere difundir causas que merecen ser contadas, que la gente se vaya enterando.
–¿Cómo se llevó adelante la investigación?
Osvaldo Bayer: –Eduardo Kozanlián es quien hizo difundir acá el genocidio armenio. Él nos trajo material, yo empecé (junto a muchos otros autores que escribieron sobre esto) con mis notas para denunciar estos hechos y tal es así que el gobierno argentino es uno de los pocos que ha reconocido esta matanza, como tal. Él nos contó de la muerte de este periodista, y con Ritto ya llevábamos mucho tiempo trabajando sobre diversas temáticas. Hemos trabajado sobre Walsh y yo veía muy emparentadas estas dos historias. La figura de Hrant Dink realmente es el Rodolfo Walsh armenio, con un coraje civil enorme y esto de denunciar en medio de la sociedad turca y publicar este diario bilingüe, defendiendo los derechos de la minoría armenia… Era su manera de exigir que todos conozcan estos hechos. Y yo acá hago eso: poner en conocimiento del pueblo, del público, todos estos hechos. Es necesario siempre difundir la historia de los luchadores.
–Como historiador me imagino que debe ser interesante llegar a contar la historia desde escenas.
OB: –Difundir la historia a través del arte siempre ha sido un sueño. Lo he llevado a cabo con otros ensayos con Severino Di Giovani, los hechos de la Patagonia en "La Patagonia rebelde", como tantos otros hechos. Pero hacer esto en la sociedad capitalista tiene sus dificultades, por ejemplo las obras que hicimos con Ritto tendrían que tener disponibles inmediatamente una sala abierta de las salas que tiene el Estado, pero jamás ninguna se abrió y lo mismo pasó con esta obra. Es muy difícil conseguir sala. Ahora voy a hacer "Las putas de San Julián" en el Cervantes: por suerte se abrió un espacio oficial para una obra de esta trascendencia.
–Daniel, vos decías que querés hacer obras que cuenten la historia. ¿Qué costo tiene esto a nivel profesional?
DR: –Cuando hice "Luca", que era cine y tuvo muchas y buenas críticas, todos me auguraban: "Ahora te van a llamar de todas partes." Pero empecé a hacer este tipo de obras y empezaron a no llamarme de ningún lado. Pero no me interesa. Hacer algo que a mí mucho no me interese no es de mi agrado. Con Santucho, por ejemplo, tuve muchos problemas. Deberíamos tener una sociedad más reflexiva, pensar quiénes son los personajes de los que se habla y por qué se habla de ellos…Hay muchos temas tabú en esta sociedad. Hay que hablar de los temas que están ocultos y sobre todo personas que han sufrido injusticias. Es tremendo lo que pasó en la historia. Acá todavía Santucho sigue siendo un tabú, no se puede hablar, y la verdad es que a su manera fue un libertador, se levantó contra el tirano. Osvaldo hace años está luchando por sacar el monumento a Roca. Y Hrant Dink sufría ese tabú, ese hecho de que Dink no podía hablar del genocidio. ¿Cómo no se va a hablar de eso? Era un periodista al que le aplicaron el artículo 301 del código civil turco, ¡que decía que no se puede ofender al ser turco y que él denunciara el genocidio se tomaba como ofensa!
Pero ellos qué estaban haciendo cuando asesinaron a los armenios. A mí me parece que el teatro tiene que tener una impronta social y que si no la tiene es un teatro digestivo y a mí el teatro digestivo no me interesa.
–Pero le ponés el plus de elegir personajes muy polémicos...
DR: –Nuestra historia está llena de personajes de los que nadie quiere hablar. En el caso de Roberto Santucho, por ejemplo, invitamos a muchos historiadores para que vean cómo va la obra, pero nadie quiso venir a verla. Osvaldo se animó y así comenzó esta relación. Después hicimos muchos otras y trabajamos. Pero lo que siempre me planteo es por qué puede haber 1000 películas u obras de teatro que recreen la vida de Hitler y por ejemplo, nadie quiere hablar de Santucho.
OB: –Y bueno, Daniel… ¡Algo habrán hecho!
 
"Tiempo Argentino", 1o. de abril de 2013 (fragmento)
 
 

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