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4.3.16

“Diplomacia del caviar” en México


Hace un año la Diputada Magdalena del Socorro Núñez Monreal (PT) organizó una jornada en la Cámara de Diputados dedicada al análisis de la Desaparición forzada y el Genocidio. En dicha jornada participó el Embajador azerí Ilgar Mukhtarov exponiendo el caso de Jodyalí –ocurrido el 26 de febrero de 1992-, presentando su visión histórica sobre este acontecimiento patrocinada por el gobierno del Presidente Aliyev, el hijo del dictador de Azerbaiyán Heydar Aliyev, famoso en México por la polémica de su estatua en Paseo de la Reforma.
Con un profundo desconocimiento del significado y uso de la palabra genocidio, en la conferencia en San Lázaro se trató de forzar el concepto para denominar crímenes de guerra que no responden a la categorización de Rafael Lemkin de 1943, y que Naciones Unidas recuperó y definió en la Convención para la Prevención del Delito de Genocidio de 1948, pero lo que es más preocupante es que la Cámara de Diputados se preste acríticamente a presentar la posición del gobierno de Azerbaiyán con respecto al concepto de genocidio y utilizarlo como herramienta política para dirimir el conflicto que tienen con Armenia y Nagorno Karabagh desde principios de los años 90.
Jodyalí no puede considerarse un genocidio, ni tampoco fue una masacre. Vamos por partes, según las entradas de estos dos conceptos publicados en la Encyclopedia of Genocide and Crimes Against Humanity, el primero se compone de tres elementos esenciales: actos, intención y víctimas. Hay cinco actos enumerados en la definición de Naciones Unidas que son distintos en su naturaleza, pero que están unificados en su estrategia. Tres de los cuales tienen como fin destruir a un grupo existente: matar, causar serios daños, y/o crear las condiciones destructivas, los otros dos actos tienen el cometido de impedir la posibilidad de que el grupo continúe con su existencia. El asunto de la intención es complejo, pero fundamentalmente se refiere a limitar los reclamos de genocidio a esos casos en que la violencia política está específicamente dirigida a la destrucción de un grupo. Este objetivo político se presenta como una política oficial, o se expresa como un plan coordinado y sistemático de terror hecho por el Estado. El crimen, de acuerdo con la definición, se dirige no hacia individuos per se, sino que las víctimas-objetivo lo son por su pertenencia nacional, étnica, racial o religiosa.
Masacre, según la misma Encyclopedia, puede ser definida como una forma de acción, normalmente colectiva, cuyo objetivo es la eliminación de civiles o no-combatientes incluyendo hombres, mujeres y niños. Etimológicamente la palabra viene de matteuca, que significa aporrear, la palabra contiene tanto el sentido de matadero como de carnicería. Históricamente presupone que tanto el perpetrador como la víctima están cara-a-cara, aunque ahora con las tecnologías de guerra modernas los bombardeos a distancia también pueden considerarse una masacre, siempre y cuando se trate de víctimas civiles no-combatientes.
La diferencia entre genocidio y masacre, según los expertos, es que el término masacre refiere a la deliberada pero no sostenida matanza de personas desarmadas, en un periodo relativamente corto de tiempo y en una zona geográfica pequeña y delimitada. Sin embargo, algunas veces, una variedad de masacres tiende a evolucionar en un proceso genocida, en el cual se puede usar el término “masacre genocida”.
¿Por qué Jodyalí no responde a ninguno de los dos conceptos? De entrada hay que describir lo que pasó en Jodyalí en la noche del 25-26 de febrero de 1992.
Jodyalí está a siete kilómetros de Stepanakert, capital del enclave armenio de Nagorno Karabagh, y desde dicho poblado las fuerzas azeríes bombardearon durante los meses de enero y febrero de 1992 a las posiciones militares armenias y rusas que estaban atrincheradas en Stepanakert, matando a muchos civiles armenios con sus misiles. Hay que mencionar que el único aeropuerto de Nagorno Karabagh, y única vía de salida del enclave en ese momento, estaba en las inmediaciones de Jodyalí y por lo tanto era una posición estratégica en el enfrentamiento entre las fuerzas azerís y las armenias durante la guerra de Nagorno Karabagh. También hay que aclarar que Armenia no invadió Azerbaiyán, fueron los armenios que vivían en el enclave de Nagorno Karabagh quienes optaron por la autodeterminación, un principio de derecho internacional y que México defiende como eje toral de su política exterior.
Al ir perdiendo la guerra, el ejército azerí decidió evacuar a los pobladores de Jodyalí, en su mayoría meshketas provenientes de Asia Central que apenas habían sido instalados en la región, y para ello el autodenominado ejército de liberación de Karabagh creó un corredor humanitario en el que se permitió que la población civil se dirigiera a la ciudad Agdam. En la madrugada, señala la organización Humans Right Watch, una columna de refugiados que estaba acompañada por una docena de combatientes en retirada –uniformados y armados-, dejaron la ciudad mientras era tomada por las fuerzas armenias. Cuando se aproximaron a la línea de fuego se cruzaron con una posta de las fuerzas armenias y ahí inició el combate, en el que murieron muchos civiles.
Pero no se trata de un genocidio, ni tampoco de una masacre. Las víctimas que murieron en el poblado de Najichevanik, muy cerca de Agdam, estaban entremezcladas con las fuerzas armadas azeríes que llevaban uniformes y armas durante su huida. El informe de Helsinki Watch menciona que hubo combates entre las tropas azeríes y las armenias: “De acuerdo con una mujer azerbaiyana de 21 años, cuyos dedos gordos del pie tuvieron que ser amputados por la congelación, ‘Los líderes de nuestro grupo eran hombres. Los armenios abrieron fuego cuando nos acercamos al pueblo [de Nakhichevanik]. Nos rodearon y dispararon. Hubo intercambio de fuego entre los soldados armenios y los nuestros”. Un soldado azerí también declaró: “Disparábamos y corríamos con la bola, pero no era una retirada organizada. Estábamos todos mezclados’”.
Lo que da a entender el informe de Rachel Denber para Helsinki Watch es que los civiles fueron usados como escudo humano (human shield) por parte de los militares azeríes, y muchos murieron durante el enfrentamiento[1]. El reporte también indica que tanto los militares armenios y rusos (en dicho combate participó el regimiento 366 de la extinta Unión Soviética), por no detener el combate al ver o sospechar que había civiles, como los militares azerís por usarlos como escudo humano, tuvieron responsabilidad en la matanza.
El combate desorganizado que se dio cerca de Jodyalí, independientemente de si fue realizada por armenios, como dice Azerbaiyán, o por el Frente Popular de Azerbaiyán, como dicen las fuerzas armenias citando al ex presidente azerí Mutalibov[2], es un acto de guerra en el que desafortunadamente murieron civiles. Pero no puede calificarse de masacre, según la definición que dimos más arriba, mucho menos es un genocidio.
De tal suerte, que las acciones de la embajada de Azerbaiyán en nuestro país y en América Latina, obedecen a una estrategia  del gobierno Azerí para tergiversar los hechos sobre Jodyalí, usando para ello diversos foros y cabildeando a diputados, que saben muy poco sobre el conflicto en Karabagh, para que pasen resoluciones con la versión azerí del conflicto. Esta “diplomacia del caviar”, en México, ya logró que tanto la Cámara de Diputados como la Cámara de Senadores pasaron puntos de acuerdo reconociendo que lo que sucedió en Jodyalí es un genocidio, un acto que ni Naciones Unidas ni la Asociación de Estudiosos del Genocidio reconocen como tal. Además, si México tiene interés en apoyar la resolución del conflicto en Karabagh, debe también reconocer que en la misma guerra murieron alrededor de 10,000 armenios, muchos en pogromos azuzados por el mismo gobierno de Azerbaiyán. Hay que tener claro, también, que la campaña de Jodyalí es parte de una política cuyo cometido central es la negación del Genocidio armenio .perpetrado entre 1915-1923 por el imperio otomano-, campaña orquestada por Turquía y en la que Azerbaiyán actúa como aliado.
Ya han pasado más de tres años desde que la Comisión creada por el ex jefe de gobierno Marcelo Ebrard dictaminara que se quitara la estatua del dictador Aliyev, así como la modificación de la placa localizada en la Plaza de Tlaxcoaque. Tanto el mapa expansionista que niega la autodeterminación del pueblo de Karabagh y que sigue en la Avenida Reforma, como la placa que califica de genocidio un combate en dicha guerra y que sigue en la Plaza de Tlaxcoaque, son dos muestras del cabildeo de uno de los gobiernos  más corruptos del mundo y que ha hecho de México, a través de dádivas a políticos mal informados, un campo de lucha simbólica con objetivos geopolíticos en contra de Armenia y los armenios de Nagorno Karabagh.

[1] El primer presidente de Azerbaiyán, Ayaz Mutalibov era el presidente en funciones y por tanto cabeza responsable del ejército azerí durante el comabate de Jodyalí. Es importante mencionar que la intriga política generada a partir de dicha tragedia fue la causa de su renuncia como presidente y su posterior exilio. Apenas un par de meses después de Jodyalí, en abril de 1992, el exiliado presidente Mutalibov enfatizó en el periódico Nezavisimaya Gazeta (2 abril 1992) que el asalto a la población de Jodyalí por parte de las fuerzas armenias no fue ninguna sorpresa, también dijo que existía un corredor humanitario creado por dichas milicias para permitir que los refugiados se encaminaran a la ciudad de Agdam, entonces controlada por las fuerzas azeríes, una de esas columnas de refugiados fue atacada muy cerca de esa ciudad —en territorio controlado por el Frente Popular de Azerbaiyán— por las “fuerzas”, y usamos las palabras del primer presidente azerí, “de la oposición azerí para quitarlo del cargo y culpándolo de lo sucedido”. Nueve años después, y todavía en el exilio, Ayaz Mutalibov volvió a confirmar su declaración (en la revista Novoye Vremya del 6 de marzo de 2001) y dijo que “el fusilamiento de los residentes de Jodyalí fue obviamente organizado por alguien para tomar el control de Azerbaiyán”. Ese alguien era el dictador Aliyev, padre del actual presidente de Azerbaiyán.
[1] En aras de mostrar la tergiversación de la matanza hecha por el gobierno azerí, es importante decir que en el informe de Denber, Namig Aliev, funcionario del gobierno azerí, proveyó una lista en la que se mencionan los nombres de los civiles que perdieron la vida en Jodyalí, que eran 133 personas, de lo cuáles 41 eran mujeres y 13 niños, un número distinto del presentado posteriormente por la campaña del embajador azerí que es de 613 personas, de las cuáles 106 mujeres y 83 niños, R. Denber, op. cit.
Fuentes: Encyclopedia of Genocide and Crimes Against Humanity, Dinah L. Shelton (ed.), Thomson-Gale, Michigan, 2005.

"Sin embargo" (www.sinembargo.mx), 26 de febrero de 2016

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