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7.8.15

Lejos del Jardín de Edén

Axel Veiel
Traducción de Verónica Pamoukaghlián

No estamos en Armenia. Estamos en el Barrio Latino de París. Los turistas y los estudiantes se abren
paso por las calles estrechas, paseando entre boutiques y galerías. Sin embargo, es aquí donde florece la vida espiritual de Armenia. En la Librairie Orientale, una librería de literatura armenia y oriental abierta en 1930, no lejos de la Sorbona, esa vida espiritual parece incluso "desarrollarse mejor que en ningún otro lugar del mundo". Los dos hombres que esperan delante de la puerta cerrada del negocio trabajan para que así sea. Y seguramente son conscientes de ello. Son armenios. "Somos armenios en el corazón", aclaran.
En el papel, no lo son. Uno, Bedros Yeramian (73), es sirio. Vive en el exilio en Canadá. Su padre era
armenio. Cuando hace cien años comenzó el destierro y el exterminio del pueblo armenio por parte del Imperio Otomano, buscó refugio en Alepo, Siria. Luego nació Bedros. Más tarde, el hijo también se vio forzado a huir. En febrero de 2012, las primeras bombas cayeron sobre Alepo. Bedros se mudó a Montreal, donde vivía su hija. Atrás quedó la casa familiar donde el padre había una vez abierto un garage mecánico.
El otro, Gustavo Zulamian (40), es uruguayo. Él también tiene antepasados armenios que lograron escapar del genocidio. Nacido en Montevideo, Zulamian estudió odontología, se casó con una sudamericana y abrió un consultorio odontológico en el centro de la capital.

El lugar de nacimiento y la nacionalidad son irrelevantes
Para estos dos hombres, el lugar de nacimiento y la nacionalidad no son lo más importante. Lo que importa para ellos es la cultura armenia, o más precisamente, que el legado cultural que resguardaron
sus antepasados en el exilio llegue a sus hijos y nietos. Son sus raíces Yeramian y Zulamian las que les dan fuerza y sentido a sus vidas.
La Librairie Orientale ha sobrevivido a duras penas en la era de Internet y su vida se acerca a su fin. Sin embargo, allí se respira aun el espíritu de su fundador, el legendario Hrant Samuelian. Hoy en día, es como una cueva de ladrones, que promete grandes recompensas a los buscadores de tesoros, siempre y cuando no tengan miedo de hacer equilibrio en la penumbra de escaleras de aluminio, hurgando bajo montañas de libros y revistas, para encontrar su botín.
Samuelian había llegado a París en 1919 como estudiante de derecho sin un centavo, Once años más
tarde, el refugiado se arriesgaba al empleo independiente. Le compró la colección de libros a un compatriota que había logrado transportar sus pertenencias hasta Francia y abrió la primera librería especializada en literatura armenia. Rica en libros en turco, árabe, francés y persa, con una extensa colección de historia y literatura, la librería se popularizó rápidamente, elevando la reputación de los
armenios entre el animado círculo de intelectuales del Barrio Latino.
Al igual que la imponente iglesia armenia en el coqueto barrio del octavo arrondissement o la estatua del compositor armenio Komitas a la orilla del Sena, la librería se transformó en un hogar para los armenios. "Ya en mis más tempranos viajes a Paris me sentí un poco como en casa allí, o al menos, menos perdido que en otros lugares", dice Yeramian. Y Zulamian cuenta que sus visitas y el contacto con Monsieur Armen, hijo de Samuelian, quien lleva el negocio desde 1977, siempre son un alimento para el alma y culminan con una maleta llena de libros para llevar a casa.
Esta nostalgia no tiene que ver con la Armenia real, la república que emergió en 1991 luego del
desmoronamiento de la Unión Soviética. No es ese el hogar que evoca la Librairie Orientale. Luego de décadas de comunismo, decadencia económica y privaciones, el país tenía poco en común con aquel que los abuelos habían retratado como un Jardín de Edén azotado por el genocidio, relata Zulamian.
Entonces saca su Smartphone del bolsillo. En el fondo de pantalla se ve el Monte Ararat por detrás de
Yerevan. Los picos nevados brillan en el sol. "Nunca estuve ahí", admite Zulamian. "Es sólo un lugar
en mi imaginación, pero para mí es el lugar más importante del mundo."
El imaginario preservado el exilio, luego del genocidio, corre riesgo de desvanecerse, incluso de desaparecer. A diferencia de Yeramian y Zulamian, las nuevas generaciones muestran poco interés en
luchar por la preservación del patrimonio cultural. "El tiempo juega en contra de nosotros", dice Béatrice Ananian. La directora de la filial francesa de la organización humanitaria armenia "Cruz Azul" ha debido reconocer que los nietos y bisnietos de inmigrantes armenios se han integrado en la sociedad francesa muchas veces casi hasta el punto de desaparecer, y que muchas veces la cultura del país de inmigración es percibida como superior. "Cien años más tarde, a la extinción del ser humano sigue la extinción de su cultura", dice Ananian.

La mayor comunidad armenia de Europa
La constatación de Ananian se vuelve mucho más grave considerando que Francia es el hogar de la
mayor comunidad armenia en la diáspora europea, por lo cual, le corresponde más que a cualquier otra mantener vivas las tradiciones armenias. Es raro encontrar un parisino que no tenga algún amigo o familiar armenio. Del millón y medio de armenios de la diáspora en todo el mundo, 350.000 viven en Francia, la mayoría en la zona de París.
Hasmig Kevonian no se desanima. La directora de la Casa de Cultura de Armenia en Alfortville, un
suburbio de París con más de 15 por ciento de población armenia, se opone a la tendencia reinante.
Kevonian organiza cursos de lengua, música y baile armenios. Ha creado una biblioteca de literatura
armenia e intenta mantener viva la memoria del genocidio, aquella que une a todos esos seres
desperdigados por el mundo.
Un millón y medio de armenios fueron asesinados entre 1915-1917. Su búsqueda de la autonomía política y religiosa, así como también su cercanía con el "enemigo" que representaba Rusia habían provocado la ira popular en el Imperio Otomano. Las esperanzas de los sobrevivientes miraron entonces hacia Francia. Desde la época de las Cruzadas, cuando los caballeros franceses hicieron una
parada estratégica en la Armenia cristiana, el país es considerado una "hermana católica". Cuando se
corrió la voz de que Francia, después de la debacle de la Primera Guerra Mundial, estaba buscando trabajadores, los sobrevivientes se desplazaron en masa por la ruta del mar hacia Marsella. Una gran
parte fue más lejos y se estableció en París o en el valle del Ródano.
Como explica vehementemente Kevonian, la cultura armenia no ha muerto, pero se trata de una batalla perdida. El compromiso y el éxito no siempre se encuentran. "Sólo uno de cada 20 descendientes de armenios en Francia está hoy conectado con la cultura armenia", informa la Asociación Cultural Armenia ACAM. Y lo que más le duele a Kevonian, a sus 72 años: le gustaría retirarse, pero no encontró ningún joven interesado en continuar con su trabajo.

El incierto futuro de la Librairie Orientale
Yeramian y Zulamian esperan en vano a la entrada. La puerta de la librería permanece cerrada. Tal vez pronto, para siempre. Armen Samuelian estaba muy enfermo, cuenta un vecino, y su hijo no quiso hacerse cargo de la tienda.
Los perseverantes hombres ante la puerta cerrada, no se irán sin embargo con las manos vacías. Entre
ellos ha surgido una amistad. En un prinicipio parecían infinitamente distintos el uno al otro: por un lado el sirio con su traje de finas telas y por el otro el latinoamericano 30 años más joven con sus jeans de marca. Pero se han reconocido el uno al otro como armenios. Lo que los separa se desvanece. Los hombres conversan en el francés improvisado de sus antepasados. Intercambian direcciones. El sirio toma con ambas manos la cabeza del uruguayo y le da un beso en la frente.
Yeramian participarán este viernes en Ereván en los actos de conmemoración del inicio del genocidio,
el 24 de abril 1915. Piensa quedarse unos días en el país que "se ha convertido en un lugar extraño" para él. Luego regresará al exilio canadiense, con escala en París, este lugar donde se siente un poco
menos perdido que en otros lugares.

"Frankfurter Rundschau," 22 de abril de 2015

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