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3.4.12

Dirigentes del pasado y del futuro

Nazareth Berberián
Traducción y notas de Vartán Matiossián
En un reciente correo electrónico, un amigo íntimo observaba con justeza que en los treinta años más decisivos de nuestra historia moderna, en las décadas de 1890 a 1920, el timón político del pueblo armenio lo habían tomado activistas jóvenes como Aram Manukián y Simón Vratzián (1). Y que actualmente, los dirigentes que lideran nuestras estructuras nacionales y nuestro andar colectivo, con excepciones contadas, por lo menos tienen más de cuarenta años.
La observación y la indicación son correctas, por cierto. Pero también, indudablemente, no tienen un fin en sí mismo. Nacen de una preocupación y sirven para fundamentar el cuestionamiento de que, si en el pasado fue posible tener una dirigencia joven que se encargara de nuestro destino nacional, ¿por qué no será posible tener lo mismo en el mañana?
El cuestionamiento es tal, que contiene su respuesta.
Y, sin dudas, una respuesta positiva.
Con ese fin, mi amigo simplemente propone que convierta en tema de mi “Pensamiento del día” su reflexión titulada “Dirigentes del pasado y del futuro”.
Es notable que la discusión propuesta también tiene relación con nuestro quehacer político cotidiano.
La agenda de las elecciones parlamentarias de Armenia, que ha concentrado la atención y la tensión del pensamiento político armenio en estos días, ha colocado la urgencia del rejuvenecimiento de la dirigencia parlamentaria entre los tópicos y desafíos prioritarios que confronta.
Por ejemplo, el campo oficialista de las fuerzas políticas de Armenia, encabezado por el presidente de la República y el Partido Republicano que dirige, ha puesto en el tapete el lema de rejuvenecer la futura composición de la Asamblea Nacional.
Seguramente, los partidos que encabezan la oposición parlamentaria y extraparlamentaria de Armenia también tienen la premisa de entrar al parlamento con fuerzas de refresco, pero no intentan explotar el lema del “rejuvenecimiento” de la Asamblea Nacional con fines propagandísticos ni para la “acumulación” de capital político.
Y hacen bien, porque la propuesta de rejuvenecer la fuerza o las fuerzas destinadas a dirigir nuestro estado no puede ser objeto de consumo propagandístico ni de explotación política.
En particular, dado que no sólo en la Madre Patria, sino también en la Diáspora, nuestro pueblo confronta el ya madurado desafío de rejuvenecer su dirigencia política y nacional-comunitaria.
El rejuvenecimiento no viene así porque sí con publicidad, con decisiones tomadas desde “arriba” y proyectos para su concreción, y con la promoción de figurines de edad joven ya identificados con los sillones de gobierno.
Por esta vía, la dirigencia ya “establecida” y carente de oxígeno fresco simplemente se reproduce a sí misma... a través de la figura de jóvenes mandatarios.
Pero esa no es, por cierto, la vía ineludible de rejuvenecimiento, si no se trata, desde ya, de su... imitación.
Sin dudas, la edad juvenil es la garantía necesaria de frescura y vitalidad innovativa. Para arrojarse con un impulso nuevo, recorrer vías no transitadas y abrirse hacia nuevos horizontes, es necesario ser joven, para que sea posible emplear el factor tiempo con la máxima utilidad y concretar sueños y objetivos.
Pero la edad juvenil no ha sido ni puede ser garantía suficiente para que la juventud tome el timón político de su pueblo, tanto en la vida personal como, particularmente, en el desarrollo social.
La juventud, para convertirse en una fuerza dirigente de valor completo, requiere de fuego interior, visión de cambio y potencia revolucionaria para superar las condiciones del momento y guiar su vida personal y la de su pueblo por la vía del mejoramiento radical.
Si cien años atrás jóvenes activistas pudieron convertirse en fuerza dirigente del pueblo armenio y encauzar el renacimiento de la nación y de la patria, la explicación debe buscarse no sólo en la frescura y la vitalidad que caracterizaba su edad, sino en el compromiso y el ejemplo contagiosos de tomar a cargo la memoria nacional armenia, aferrarse a la fe de un futuro promisorio y sacrificarse en el altar de la liberación total del pueblo armenio con dedicación sin retaceos.
Krikor Artzruní (2) y el patriarca Nersés Varyabedián (3), sin duda, tuvieron influencia decisiva en la formación ideológica, política y moral de la juventud que desencadenó la revolución armenia a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Pero los Artzruní y los Varyabedián no podían ni pudieron entregar el timón del destino nacional a los Kristapor (4), los Hrayr Tzhojk (5) y los Aram. Los Rostom (6) y los Antranik (7), los Nikol Dumán (8) y los Rupén (9) se convirtieron en la joven dirigencia del pueblo armenio a través de su máximo sacrificio en la gran lucha por el restablecimiento de la nación y de la patria.
Fue con ese sacrificio que jóvenes como Simón Zavarián (10) fueron aceptados como dirigentes por gente como Kerí (11) que ya había llegado a cierta edad.
Con la combatividad de ser el brazo activo de la autodefensa y de la voluntad colectiva del pueblo armenio es que los Dró (12) tomaron en sus manos el timón político de los jóvenes revolucionarios y de las multitudes pacíficas de nuestro pueblo constructivo y emprendedor.
Nuestro pueblo no conoce otra vía, al igual que otros pueblos, para que nuestro día de mañana sea liderado por jóvenes dirigentes.
El rejuvenecimiento del liderazgo de la vida armenia no puede obedecer a reglas diferentes, primero en la patria, y luego en cualquier parte del mundo donde exista una comunidad armenia organizada.
La juventud que tiene la conciencia de su misión nacional y que se aferra a su vocación de generación combativa con compromiso ideológico, fe sólida y dedicación sin retaceos es la que puede conquistar el derecho a dirigir nuestra marcha colectiva de mañana.
En última instancia, la dirigencia es uno de los derechos que no se otorgan, sino que se conquistan con la propia lucha.
¡Ay del pueblo cuya juventud recibe el timón de la nación y de la patria... como regalo de una dirigencia “establecida” que no ve problemas más allá de la agenda de reproducir su propia autoridad con un rostro más joven...!
El “realismo” de “llegar a destino” y de convertirse en socia de las autoridades y dirigencias establecidas es el principal enemigo de cualquier juventud.

"Aztag", 22 de marzo de 2012

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NOTAS
(1) Aram Manukián (1879-1919): Uno de los principales líderes de la autodefensa de Van en 1915 y de la gesta de mayo de 1918 que condujo a la independencia de la primera República de Armenia. Ministro del Interior de la república desde agosto de 1918 hasta su muerte en enero de 1919.
Simón Vratzián (1882-1969): Ultimo primer ministro de la República de Armenia en noviembre de 1920 y presidente del Comité de Salvación de la Patria creado durante la rebelión de febrero de 1921 contra el régimen soviético.
(2) Krikor Artzruní (1845-1892): Periodista y editor del diario Mshak en Tiflís (1873-1892).
(3) Nersés Varyabedián (1837-1884): Patriarca armenio de Constantinopla (1874-1884)
(4) Kristapor Mikaelián (1859-1905): Fundador de la Federación Revolucionaria Armenia (1890).
(5) Hrayr Tzhojk (1866-1904): Fedaí. Uno de los jefes de la segunda sublevación de Sasún (1904)
(6) Rostom (Stepán Zorián) (1866-1919): Fundador de la Federación Revolucionaria Armenia (1890).
(7) General Antranik Ozanián (1865-1927): Héroe nacional armenio.
(8) Nikol Dumán (1867-1914): Organizador de la expedición de Janasor (1897) y de la autodefensa durante el conflicto armeno-tártaro de 1905-1907.
(9) Rupén Ter Minasián (1881-1953): Ministro de Guerra durante la República de Armenia.
 (10) Simón Zavarián (1867-1912): Fundador de la Federación Revolucionaria Armenia.
 (11) Kerí (1858-1916): Jefe de uno de los batallones de voluntarios armenios durante la Primera Guerra Mundial.
(12) Dró (1884-1956): Jefe del frente armenio en la batalla de Pash Abarán (1918).





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